La noche de ayer no solamente la recordaré como aquella en que me abrieron el auto para robarme el stereo, los parlantes y el librito con los cd´s, sino también como esa en que me tiré un terrible pedo acostado en la cama y ni se me dio por introducir la cabeza en las sábanas para oler con el único fin de fruncir el ceño, tratando de decifrar la conexión entre esa fragancia y la cena.

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